Ojos cerrados.
Ni mis palabras quieren escucharme.
Frente a un espejo la luz de la Luna llena que entra por la ventana que nunca más vi.
Él,ni una vez contempló la lectura de mi rostro.
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Soliamos pasar tardes enteras juntos,sin hacer nada de nada.
Encerrados sin querer salir a otro lado que no sea nosotros mismos.
Cuando emprendiamos algo era tan real como ese amor que no se explica.
Con el maldito tiempo sólo puedo traer los recuerdos, hablar de ellos con
éstas palabras miserables, pobres.
Ahora,
Ya no veo más Lunas, más que la mía.
Ya no veo más esa ventana.
Ni siquiera nos vemos, ni nos escuchamos.
sábado, 21 de octubre de 2006
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